Ciudad de la furia
Cataclismo Colectivo. Bajo el título "Ciudad de la Furia", se anula la función utilitaria de la metrópoli para transformarla en un escenario de tensión dramática. La pintura es el registro de una catarsis, un ritual colectivo. La composición está dividida en planos: abajo, la masa humana, reducida a una textura borrosa de sombras y puntos de luz, es la fuente de la energía. Arriba, el fondo industrial y los puentes suspendidos —formas de control rígido— se desdibujan, incapaces de contener el pulso del evento. Mi afirmación es que la furia no es caos, sino una forma de energía que se organiza en estructuras propias. Las luces amarillentas y las formas piramidales que emergen del centro no son decorado, sino la manifestación visual de ese poder interno: una especie de templo levantado por la euforia o el pánico. Es mi manera de documentar cómo el límite entre la ciudad y el ser humano se desvanece cuando la emoción colectiva toma el control, dejando atrás solo la silueta distorsionada de la vigilia.