Abstracto 1
Se realiza la afirmación de que la pintura solo se vuelve enteramente honesta cuando se despoja de toda responsabilidad mimética y solo responde a la tensión interna del lienzo. El color, aplicado con la fluidez de la acuarela y la aguada, no describe objetos, sino estados de energía. Los bloques de azul intenso compiten con trazos de ocre y rojo quemado, organizándose no por lógica visual, sino por resonancia. La composición, dominada por una forma orgánica suspendida niega la perspectiva tradicional, obligando al ojo a percibir el espacio como una simultaneidad de planos. Mi intención es documentar la experiencia de la libertad en el proceso: el color es arrojado, el trazo es rápido. El control del artista se reduce a organizar el descontrol. Es un registro unilateral de una verdad pictórica que se afirma en su propia negación de la realidad externa.