Retrato imaginario
Esta pieza, como su nombre lo indica, no es un retrato de alguien que posó; es un ensayo sobre la aparición de la memoria y la capacidad del intelecto para construir un rostro a partir de una emoción o un recuerdo. Es la personalidad expresada sin la necesidad de un personaje biográfico. La técnica es Acuarela sobre papel. La elegí por la rapidez y la transparencia de las manchas, que son las únicas capaces de darle al rostro esa cualidad de idea o de presencia fugaz. El rostro en tonos de sepia y gris es la materia conceptual de la estructura, lo que se recuerda con claridad. El pelo, en ese rojo-anaranjado vibrante, es la afirmación estética de la emoción, el fuego o el arrebato que la mente asocia a la figura.