Arbol de caños
Se confronta la forma orgánica (el árbol, la vida) con su réplica utilitaria y oxidada. Lo que se expone no es un error de la naturaleza, sino una afirmación de que en ciertos entornos, la estructura artificial es la única capaz de arraigar y prosperar. La composición imita la silueta de un sauce llorón o un candelabro, utilizando la repetición de caños arqueados, todos culminando en el mismo gesto de inercia o de drenaje. El uso de la acuarela y los tonos óxidos confiere a la estructura un carácter de ruina o fósil. La pequeña válvula en el tronco no es un corazón, sino el punto de control que revela su naturaleza mecánica. Mi intención es señalar cómo nuestra relación con lo natural se ha vuelto una ficción técnica.