Abstracción aérea
Se admite el fracaso deliberado de la mímesis: aunque la composición se ancla en la morfología urbana, el propósito no es catalogar la ciudad, sino despersonalizarla. La vista cenital no nos otorga omnipotencia; simplemente nos convierte en un observador más en la escena. Aquí, el paisaje se reduce a una trama de bloques y vacíos, a un juego de geometría imperfecta y paleta controlada. La ciudad, vista desde la altura, revela su naturaleza intrínseca: un sistema de parcelas y líneas de fuga. Las manzanas y los espacios verdes no son lugares de vida, sino módulos de color dispuestos en una cuadrícula que solo se siente organizada desde el aire. Es mi manera de señalar que la uniformidad de la trama, su supuesta armonía, es una mera suposición visual que se desvanece al acercarse. Este trabajo es una invitación a la distancia crítica: ¿qué tan real es la estructura cuando se le elimina el pulso humano? Es solo un mapa de mis propias inquietudes sobre el orden impuesto.