Viejo pasillo
Se presenta un fragmento arquitectónico donde la luz, lejos de ser un mero recurso estético, funciona como un juicio visual: confronta la pureza de la pared con la densidad incierta de la sombra. La vegetación del fondo, deliberadamente sin domar, es la antítesis de la estructura edilicia. Representa la única fuerza a la que la mano del hombre finalmente cede. No es una postal nostálgica, sino una afirmación sobre la temporalidad: cómo lo pétreo y lo vivo conviven en un ciclo sin conclusión, anclado por el detalle minúsculo y resistente de las flores en la maceta.