Abstracción espacial
Se renuncia a la topografía tangible para abordar la sensación del espacio, especialmente el que se extiende más allá de nuestro control inmediato. La composición obliga a la mirada a atravesar una cuadrícula de bloques acuosos en tonos fríos que sugieren la uniformidad de la urbe vista a distancia. El pincel grueso y la técnica aguada imponen un filtro de irrealidad, como si la ciudad se estuviera disolviendo bajo una niebla o una saturación emocional. Sin embargo, la afirmación central de la obra reside en el cielo. Esos tres arcos intensos y candentes, dominando el horizonte, no son atardeceres. Son una suposición visual de un evento inminente, de una energía desmedida que se cierne sobre la metrópolis. Es mi manera de insinuar que el orden riguroso de la civilización es siempre vulnerable a las fuerzas —naturales o autoinfligidas— de escala cósmica.