El Ojo
Se niega el cuerpo circundante para postular que la visión —el acto de percibir— es la única forma de existencia que importa. La obra se convierte en el epicentro desde donde emerge y se organiza la realidad. La composición, en mi visión, debe estar dominada por la tensión entre el centro y la periferia. El iris, en tonos saturados y quizá discordantes, no es un elemento biológico, sino un motor conceptual que gira sobre sí mismo, un vórtice que absorbe y distorsiona el fondo. La esclerótica que lo rodea no es blanca, sino un espacio en el que el color se ha retirado, creando un vacío que subraya la fragilidad del órgano. Mi intención es documentar la experiencia de la vigilancia. El ojo es la afirmación de una presencia que se niega a ser vista, solo dispuesta a mirar.